{"id":695,"date":"2010-10-06T21:28:39","date_gmt":"2010-10-06T20:28:39","guid":{"rendered":"http:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/?p=695"},"modified":"2010-10-06T21:29:41","modified_gmt":"2010-10-06T20:29:41","slug":"delitos-y-juegos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/2010\/10\/06\/delitos-y-juegos\/","title":{"rendered":"Delitos y juegos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-696\" style=\"margin: 10px;\" title=\"santiagoAlbaRicomanelkaos\" src=\"https:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/santiagoAlbaRicomanelkaos.jpg\" alt=\"\" width=\"338\" height=\"451\" srcset=\"https:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/santiagoAlbaRicomanelkaos.jpg 760w, https:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/santiagoAlbaRicomanelkaos-225x300.jpg 225w, https:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/santiagoAlbaRicomanelkaos-290x386.jpg 290w, https:\/\/elpobrecitohablador.es\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/santiagoAlbaRicomanelkaos-112x150.jpg 112w\" sizes=\"auto, (max-width: 338px) 100vw, 338px\" \/><\/p>\n<h6>\u00bfQu\u00e9 hace falta para volverse millonarios? S\u00f3lo hay dos alternativas: o la planificaci\u00f3n o el azar. Es decir, o el delito o el juego. La gente cada vez delinque m\u00e1s y la gente cada vez gasta m\u00e1s en juegos de azar.<\/h6>\n<h6><strong>Santiago Alba Rico<\/strong> |  \t\t\t\t\t\t\tLa Calle del Medio | Kaos en la red<\/h6>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cUn golpe de dados nunca abolir\u00e1 el azar\u201d, dice un verso famoso del poeta franc\u00e9s St\u00e9phane Mallarm\u00e9. Y sin embargo el comportamiento de los jugadores en las salas de juego parece indicar exactamente lo contrario. \u00bfSe ha visto alguna vez un empaque m\u00e1s solemne, una arrogancia m\u00e1s dura, un aplomo m\u00e1s poderoso? El gesto de dar y pedir las cartas, el de arrojar los dados sobre la mesa, el de poner las fichas sobre el tapete de la ruleta no deja, mientras dura, ning\u00fan resquicio a la sorpresa. Ning\u00fan sabio est\u00e1 tan seguro de su ciencia como un jugador de p\u00f3quer de su suerte; ning\u00fan ingeniero tiene m\u00e1s confianza en el funcionamiento de su artefacto que un lud\u00f3pata en la respuesta de la m\u00e1quina tragaperras. \u00bfDe d\u00f3nde sale toda esa conciencia de superioridad? \u00bfDe la incertidumbre de las grandes ganancias y las grandes p\u00e9rdidas? \u00bfO de la certidumbre, al contrario, de que los naipes o los dados -o el billete de loter\u00eda- son herramientas de nuestra voluntad? A merced del azar, el jugador se siente due\u00f1o de su destino; mientras su suerte se decide en otro sitio -porque su suerte se decide en otro sitio- \u00e9l se comporta como un dios omnipotente. El gesto mediante el cual cede su vida a la contingencia ciega es tan rotundo que por un momento, o as\u00ed lo parece, suspende toda casualidad \u00bfGanamos? Es nuestra decisi\u00f3n. \u00bfPerdemos? Es que a\u00fan no hemos jugado lo suficiente. Parad\u00f3jicamente, la esperanza de ganar nos hace sentir libres y la repetici\u00f3n de las derrotas no nos hace perder las esperanzas. Es este mecanismo endiablado el que ata todos los d\u00edas a millones de personas a la rueda de la fortuna y arroja a miles al precipicio de la ruina.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su recorrido en autom\u00f3vil por los EEUU, los escritores sovi\u00e9ticos Ilf y Petrov recog\u00edan a los viajeros que hac\u00edan auto-stop en la carretera. Era el a\u00f1o 1935, poco despu\u00e9s del derrumbe del 29, y la crisis hab\u00eda sacado de sus casas a miles de ciudadanos que buscaban refugio y empleo por todo el territorio estadounidense. Ese era el caso de uno de los que subieron al coche de los dos rusos. Sin trabajo, sin vivienda, sin ning\u00fan tipo de subsidio, el joven n\u00f3mada viajaba escondido en vagones de tren aceptando peque\u00f1os empleos de temporada. Pero no era -insist\u00eda- un \u201cvagabundo\u201d como los otros. EEUU era un pa\u00eds injusto y \u00e9l ten\u00eda grandes proyectos de reforma: hab\u00eda que repartir el dinero y dejar a los ricos s\u00f3lo 5 millones de d\u00f3lares; hab\u00eda que repartir las tierras y dejar a los ricos s\u00f3lo 5 millones de d\u00f3lares; hab\u00eda que cambiar el sistema y dejar a los ricos s\u00f3lo 5 millones de d\u00f3lares. Esta insistencia dej\u00f3 un poco perplejos a los escritores. \u201c\u00bfSaben ustedes por qu\u00e9 este pobre diablo quiere que los ricos se queden sin falta con 5 millones de d\u00f3lares?\u201d, les explic\u00f3 luego el se\u00f1or Adams. \u201cPorque no hay ning\u00fan estadounidense, por miserable que sea, que no tenga la esperanza de llegar a ser millonario alg\u00fan d\u00eda. Y para ese momento quiere estar seguro de que podr\u00e1 disponer al menos de esa cantidad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">O hay planificaci\u00f3n o hay azar. S\u00f3lo los que planifican son realmente libres. Bajo el capitalismo, hay mucha gente planificando sin cesar: en las multinacionales, en los bancos centrales, en el Pent\u00e1gono. Los dem\u00e1s, estamos a meced del azar. Pero curiosamente, al igual que los jugadores en el casino, nos sentimos libres. \u201cLibertad\u201d, en un sentido muy banal, significa \u201cpoder hacer lo que queremos\u201d y aumentar nuestra libertad implicar\u00eda, por tanto, ensanchar el n\u00famero de cosas que podemos hacer. Eso sirve para los planificadores. Pero hay otra posibilidad: se puede entender tambi\u00e9n la libertad al rev\u00e9s; es decir, como la facultad que s\u00f3lo nos permite querer lo que podemos (o nos dejan) hacer y, en ese caso, se podr\u00eda perfectamente conservar la libertad -y a\u00fan tener la ilusi\u00f3n de aumentarla- disminuyendo precisamente el n\u00famero de cosas que \u201cqueremos\u201d. Ese es el caso de las v\u00edctimas del azar. \u00bfQu\u00e9 podemos querer los consumidores capitalistas? Podemos querer cambiar de coche y de celular, aunque para ello haya que ensangrentar el Congo; comer at\u00fan rojo, aunque para ello haya que saquear Somalia; viajar a Honolul\u00fa, aunque para ello haya que derretir los polos; salir en la televisi\u00f3n, aunque para ello haya que dejarse descorchar el alma; y podemos querer, claro, ser millonarios, aunque para ello tengamos que querer la pobreza de un compa\u00f1ero de escuela o la cojera de un extranjero. Eso que nos dejan (o nos obligan a) hacer es justamente -qu\u00e9 casualidad- lo que queremos hacer. Por lo tanto, somos libres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La libertad de los consumidores es en realidad el resultado de una enorme resta de voluntades. \u00bfCu\u00e1ntas cosas hemos tenido que renunciar a querer para ser \u201clibres\u201d? En los 22 art\u00edculos que preceden a \u00e9ste he tratado precisamente de hacer una lista: hemos renunciado a querer las estrellas, las parras, los regalos, el aburrimiento, los sabores, la imaginaci\u00f3n, la memoria, la compasi\u00f3n, la aventura, los cuerpos, los objetos mismos, Y hemos renunciado, claro, a querer poco, a querer lento, a querer peque\u00f1o. El conjunto de contenidos a los que hemos renunciado constituye lo que yo llamo \u201ccomunismo\u201d. Los consumidores no quieren el comunismo y por lo tanto no se sienten reprimidos cuando les arrebatan las estrellas. Pero si de pronto se volvieran chalados y empezaran a querer las estrellas -y las parras y los sabores y la aventura y la imaginaci\u00f3n y la solidaridad- entonces chocar\u00edan, no contra un muro, no, sino contra un ej\u00e9rcito. As\u00ed lo dicen Ilf y Petrov de los EEUU de 1935 y as\u00ed sigue siendo en nuestros d\u00edas por todas partes: \u201clos que quieren estas cosas pasan, en el mejor de los casos, por locos peligrosos; y en el peor, por enemigos de la sociedad\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace unos d\u00edas, en una entrevista publicada en el diario argentino <em>P\u00e1gina\/12<\/em> el viejo cantautor rebelde Paco Ib\u00e1\u00f1ez dec\u00eda una frase muy bonita: \u201cSoy feliz porque he conseguido no tener dinero\u201d. Parece f\u00e1cil, pero all\u00ed donde todo el mundo quiere ser millonario y todo el mundo est\u00e1 obligado a intentar serlo hace falta fuerza de voluntad, disciplina, principios, coraje y sabidur\u00eda para alcanzar trabajosa y modestamente las estrellas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfY para volverse millonarios? \u00bfQu\u00e9 hace falta para volverse millonarios? S\u00f3lo hay dos alternativas: o la planificaci\u00f3n o el azar. Es decir, o el delito o el juego. A la sombra de la crisis, los dos fen\u00f3menos no dejan de crecer en el mundo capitalista. La gente cada vez delinque m\u00e1s y la gente cada vez gasta m\u00e1s en juegos de azar. En Espa\u00f1a, 300 personas habr\u00e1n sido juzgadas a finales de este a\u00f1o por corrupci\u00f3n, un delito que ha robado a los ciudadanos m\u00e1s de 4.000 millones de d\u00f3lares (cifra que supera el dinero del tr\u00e1fico de drogas). En cuanto al juego, los espa\u00f1oles gastan anualmente en bingos, casinos, loter\u00edas y apuestas en torno a 40.000 millones de d\u00f3lares; m\u00e1s de 100.000 millones los latinoamericanos; m\u00e1s de 400.000 en todo el mundo.<\/p>\n<p>Delinquimos y jugamos. Por eso nos sentimos sin duda tan libres y tan maduros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfQu\u00e9 hace falta para volverse millonarios? S\u00f3lo hay dos alternativas: o la planificaci\u00f3n o el azar. Es decir, o el delito o el juego. 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